jueves, 31 de marzo de 2011

VOCES

                                                       Eleonora Carrington


"yo no sé de la infancia más que un miedo luminoso y una mano que me arrastra a mi otra orilla" A.Pizarnik


ciertos recuerdos circundan el borde de la noche
aguardan el pequeño espacio
la luz necesaria de mi memoria / el adormecimiento
de mi voluntad
un momento hueco se filtra y se esconde
la voz errante infantil abre la puerta / del artificio
un temblor apacible
ese saber ingenuo de conocer
que nada ni nadie podía reemplazarme
y este reconocer profundo
que tal vez no haya nada / más allá de esta desolación
de esta búsqueda incesante / urgente
de rozar la felicidad
este esmero agobiante de pulir caminos
este oficio de lustrar con mi vida
son mis horas estrujadas y / vueltas a limpiar
colgadas al sol de cada mañana

bajo la copa del gran árbol
me siento / a esperar mi infancia
inalcanzable
como el monigote trazado sobre el cristal húmedo
primer hombrecito en el espejo empañado
tan suyo / tan desesperadamente mío
como la eterna mirada de la lluvia
todo se borra / se queda
sin embargo nada permanece / en mi memoria.

La fulguración del instante, por Lucas Soares

 
                                           Fotografía: Ansel Adams



La fulguración del instante, la expresión poética de lo sagrado.

Extracción del seminario "Das Heilige," el camino hacia el Otro pensar, 2010



Sabido es que para Heidegger el nombramiento poético de lo sagrado supone que el poeta es una suerte de mediador al servicio del decir inicial del Ser. (....)
Formulo, pues, sintéticamente mi idea para después profundizarla a partir de tres puntos: la experiencia poética de lo sagrado pasa por una aprehensión profunda del instante. El instante es el tiempo de lo sagrado en poesía. El tiempo que sustenta la función poética del lenguaje. Se trata de pensar la cuestión de la experiencia poética de lo sagrado no tanto bajo la óptica heideggeriana de un desocultamiento de la verdad del Ser sino- más humildemente-como la captura de la densidad ontológica del instante.

1- El instante poético

¿Qué es lo que hoy tiene para decir la poesía acerca de lo sagrado, huídas ya las Musas griegas y acaecida la muerte de Dios y de los diferentes "mundos verdaderos" que se escondían tras su nombre? ¿Qué le queda al poeta en tiempos donde lo único estable es la fragmentación: donde una duplicidad de discursos líquidos disuelve toda posibilidad de referentes últimos ( lo cual para algunos pensadores contemporáneos constituye una liberación y para otros un tormento)? Ante una época de transvaloración irrefrenable de todos los valores, la poesía nos permite todavía aferrarnos a la tabla de salvación del instante. El instante como su anclaje vital. " Después que uno - señala Wallace Stevens- ha abandonado la creencia de Dios, la poesía es la esencia que ocupa su lugar, como redención de la vida". Tal es el lugar que Nietzche le asigna a la poesía trágica en su obra. (...)

Ahora bien: ¿Qué es lo que entendemos aquí por instante poético y en qué sentido puede llegar a vislumbrarse en su naturaleza mudable un viso de eternidad, que es donde creo estaría operando una experiencia poética de lo sagrado?

El instante poético es una insinuación puesta en palabras. Un punto de vista que ordena y desordena el mundo en un parpadeo.(...) El instante poético desgarra el velo de la realidad que nos circunda para hacernos intuir lo que ella encierra de verdaderamente extraño y contradictorio. " Y cuando me resulta extraña una palabra -dice Clarice Lispector- es entonces que ella adquiere sentido. Y cuando me resulta extraña la vida entonces comienza la vida" El instante poético permite vincularnos con el misterio de las cosas oculto bajo la maleza de lo cotidiano. Es una caja de resonancia de significantes a la que- por suerte- no hay por qué buscarle algo tan molesto como un sentido. Son justamente esas resonancias las que nos dejan boyando en torno de eso que anhelamos y no sabemos qué es. El instante poético vive de aquello que se le escapa. Ahí es donde se poetiza: donde no se sabe. Si se sabe no se poetiza. Por eso el decir poético se aferra al instante y se propone dejarlo abierto y expuesto como una herida para ver qué es lo que acontece a partir de su desangrado.(...)

Se poetiza sobre aquello que es : la forma más desnuda del acontecer: el instante. (...) Como en Parménides, todo poema en el fondo no busca decir otra cosa que esto: se es. Pero la palabra más importante de la lengua- apunta Lispector- tiene sólo dos letras: es. Porque se es verdaderamente en el instante (...)

2- El momento de la Verdad del instante poético.

Para ir más a fondo: ¿Cuál sería el componente de verdad del instante, si éste es por definición lo que justamente no está destinado a durar, lo más efímero y superficial? ¿Qué es pues, lo que habría de verdad en el instante poético? (...) ¿En qué sentido una verdad singular puede ser a la vez universal? (...)

La experiencia sagrada del instante poético estriba en que, siendo única e irrepetible por definición, atañe a todos. Una verdad cuyo sentido alcanza en el poema la inmovilidad de lo eterno. Algo que trasciende y a la vez es nosotros. (...)

Hablamos de una verdad que permite desprendernos por un instante de nosotros mismos para pasar a vivenciar una experiencia que nos compromete a todos. El espacio sagrado de la poesía es la epifanía del instante. (...) La patria del poema es el efímero paraíso del instante. Al entrar en ese paraíso adquirimos plena conciencia de que lo que más estimula nuestra percepción epifánica de la vida es su condición efímera.

Al fotografiar el relámpago de una percepción, el poeta sacraliza el instante como la memoria de lo que olvida. Deja una instantánea de lo que -por la fuerza disuasiva de lo cotidiano- se nos pasaría de largo en la estrecha corriente de la conciencia. Como un flash fotográfico, queda en nosotros la resonancia del instante poético. La experiencia poética de lo sagrao reside en la verdad de esa resonancia (...) El instante poético es sólo la punta del iceberg. La verdadera poesía deja oculto lo más importante para que ello sea desocultado y recreado en cada uno.(...) El instante poético intensifica así nuestra visión conciente e inconciente de la realidad. Es una purificación del percibir, en cuanto llega a revelarnos nuestros lados omitidos, la transcendencia de los divinos detalles y la textura de las cosas.

No habría en este sentido mayor estímulo que el resabio de imágenes y silencios que deja a su paso el instante poético, a la manera de los rieles que se ven desde la ventana del tren.(...) Lo sagrado intuído en el instante. Como si en el instante poético refulgiera el Aleph, aquel punto del espacio que condensa todos los puntos. (...)

3- El pasar fluyendo.

El instante poético nos hace retornar al estado primigenio de ver por primera vez. Volver a mirar con ojos ignorantes para reencontrarnos con la infancia del mundo. Con aquello que, a pesar de haber sido visto innumerables veces, revela su verdadero sentido sólo a la luz de su aparecer en el poema.(...) Como una intuición que ve antes que el pensamiento. La experiencia poética de lo sagrado abre atajos para ver y vernos antes que el pensamiento. (...) Nada es igual a lo que fue tras ser traspasados por la fluencia del instante poético. (...) De lo que se trata -como señala Gadamer- es que " en el momento vacilante haya algo que permanezca" El tránsito por el poema es un pasar fluyendo que abre compuertas en la mente. La experiencia sagrada del instante poético estriba en la vivencia del cauce y la fluencia siempre distinta de las aguas.(...)

Entregarse al instante poético, experimentar lo sagrado de ese acto, implica el salto que, desde la perspectiva que tratamos de sugerir, no es otra cosa que la asunción del estrecho parentesco que existe entre el sentido y el sinsentido.(...) Consiste -para decirlo con una bellísima frase de Lispector- en entregarse " al expectante silencio que sigue a una pregunta sin respuesta". Para reencontrarnos así con la prístina impresión del instante y su pasar fluyendo. La experiencia poética de lo sagrado como la mostración de esa dificultad, tan humana, de entregarse sin red al instante.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Antonio Aliberti




 "Antonio Aliberti sabe que el trabajo poético es mucho más que una oscura tentación de publicidad y de prestigio, que si llega a los demás no es tanto por lo que legítimamente podemos hacer al publicar un libro, sino por esa misteriosa y profunda vida del poema, que nada busca y todo alcanza, que está donde debe estar y no donde pretendemos que esté."





INTERNET

No renuncio a entrar a la red
y ser un punto virtual
entre millones de puntos virtuales
de todo el universo. Acepto el juego.
A lo que me opongo es a renunciar
a la caricia, a la palmada en el hombro
y, sobre todo, a prescindir
del antiguo saludo del sol,
los dedos de la lluvia
meciendo mi escasa cabellera.
Adhiero a la ilusión,
pero aspiro a la necesidad
de que el hombre se conmueva por el hombre.




SUMA Y RESTA

Cada día que pasa es un golpe de tiempo
un tramo de misterio que suma y suma,
resta y resta.
Entre relámpagos y círculos sucede el despojo
y uno forma fila ante la ventanilla
y paga el impuesto con su propia miseria.
Y la cifra se acorta,
se mutila,
parece que detiene al tiempo,
y el tiempo continua su labranza en otro costado,
hasta que la total miseria
recoge la limosna.
Y a uno le crecen canas en el alma.


XI

Yo golpeé las duras noches
de la vigilia
con mis puños de trapo.
A través del llanto
vi
el temblor de los árboles
sobre el borde del camino.

Perdí la aventura de la sangre
mordiendo las pequeñas líneas
del grito.

Las ventanas miran las lejanías.

La palidez de mis manos
se alimenta de muerte:
ellas tocaron todo lo que se iba.



FUGITIVO TEMBLOR

El temblor detrás de una ventana,
la transparencia del cuerpo,
el incesante aliento de la mano.
Nunca sabré mi historia,
porque cada gesto, cada palabra
me llegan de países ignorados,
y en la travesía
encuentran el olvido.

Miro el gesto
detenido en el aire
como un fracaso,
buscando el acontecimiento
que lo hiciera
cierto
hace apenas un instante.

Simular la vida es no tenerla;
pero hay que conocerla
profundamente
para simularla.
Como un texto aprendido
de memoria:
sin sangre,
sin una mísera llaga.

Cuídame esta locura
que tengo
por todo lo que no veo.
Amaba ya a nuestros hijos
sin conocerlos.

Regreso a mi destino
como a una ciudad
de la que nunca
he podido partir.




FICCIONES

Se finge la pasión y la virtud,
y la verdad y la mentira;
todo se finge, hasta la indiferencia.
Porque todos los músculos del hombre
deben serle fiel;
a menos que alguno se haya enredado
a los tejidos del aire...
y ya no responda a los reclamos naturales.
Pero a fuerza de ficciones se atrofia el sentimiento
y uno termina sintiendo de un sólo lado
llorando con un solo ojo.
Y si festejar a medias significa
ver a media mañana solamente,
medio atardecer,
percibir apenas la mitad de un hijo,
hacer el amor con límites precisos...
sentir a medias el dolor podría enloquecer a un muerto.


domingo, 27 de marzo de 2011

Razones


                                     Fotografía: Imogen Cunningham


“ Vivir a esperar nada
a interrogar besos
a noches bañadas en la sangre de las colinas y los errores"
E. Molina


Una vez, hace ya bastante tiempo, fui a ver un espectáculo de marionetas. Era para adultos. Pero quería mirar con mis ojos cansados lo que quizás vi y sentí cuando nada tenía el sabor del pecado. Cuando el mundo se repetía siempre de la misma forma. Y la soledad y la muerte eran sólo una palabra.

Era un ambiente, despojado y oscuro. De pronto, en el más absoluto silencio, descendió una enorme jaula de madera. Quedó suspendida de la nada, justo en el corazón del escenario. Parecía que nadie la habitaba. Sin embargo, al poco tiempo comenzaron a caer motitas rojas. Intensas. Caían con una lentitud desesperante. De pronto, pude dejar de mirar el trayecto que describían en el aire, para darme cuenta de que no caían por cualquier parte. Todas coincidían en una misma zona. Al mirar el piso del escenario pude reconocer una enorme mancha,  que para mi horror, no estaba formada por cientos de partículas rojas. Era una inmensa superficie pareja y brillosa. Todo en mí comenzó a temblar. Nunca supe cómo terminó la obra. Me paré y salí a toda velocidad, buscando el aire necesario para poder volver a respirar. Evitando escuchar la voz de la perturbación. Sonora y ausente.

…”nosotros envidiamos a las mujeres en el proceso de generar la vida, de sentir cada momento de un ser dentro de ellas…” Dijo un amigo, al pasar. Pensé que ese hombre debía tener quien lo ame y a quien amar. Debía haber conocido las fases completas y haberlas vivido con intensidad. Pero no conoció, sin dudas, el otro lado de la luna. Su lado oscuro. Este que apareció sin previo aviso, este recuerdo tan cercano. Esta historia...

Se despertó cuando recién salía del quirófano. Sus lunas comenzaron ahí y la vida dentro de ella, bajo la atenta mirada de los ojos de un microscopio. Dos embriones. Uno casi muerto.  ¿Qué se hacía con un embrión que no estaba ni del todo vivo ni del todo muerto? Sólo implantarlo. Por ética nomás. El otro embrión parecía querer vivir. Pero sin muchas posibilidades. Ella sintió a ese pequeño disco celular que la habitaba, como una mina terrestre. Unos días más tarde regresó a su casa y a la cama en la que permanecerían  las restantes lunas. El milagro aun dentro, casi cobijado. Pero no por mucho tiempo. Se aproximaba el fin de sus fases lunares. Una noche se despertó empapada. Un poco por desesperación, otro poco por cobardía, por una inmensa soledad, por dolor, no miró. Luego, una ambulancia. Y todo el olor de la ausencia.

Cuando regresó a su casa, miró alrededor. Estaban ambas, tan vacías. Atravesadas por el frio mortal del abandono. Dentro de sí misma, un gran agujero rojo. Afuera, el nido deshabitado y vacío de hombre. El había donado su esperma. Sólo eso. Pero el amor y las caricias no nadan en un líquido espeso. Y todo el desamor en cada ángulo de la casa. Se dirigió a su cuarto. Aun permanecían las sábanas, las mismas. Las sacó de la cama, las anudó prolijamente y las metió hacia el fondo de una bolsa de nylon negra. Y la tiró a la basura. Luego, se sentó sobre el colchón desnudo. Y lloró. No por él, el pequeño embrión. No por el hombre y su cobardía. Lloró por ella. Por toda la soledad. Por todo el desamor. Por toda la estupidez.  ¿Qué le quedaba a una mujer cuando ya casi no le quedaba nada? Ningún embalsamador podría rellenar tanto vacío. Imborrable agujero rojo. Y a falta de un dueño, un ángel de la guarda se convirtió en piedra junto a su puerta.

Partículas




 






Estoy solo y no hay nadie en el espejo"
Jorge L. Borges







no es el olvido/ lo que duele
es el silencio de muerte
que lo recorre
los pasos que / siempre lo anteceden

¿Con qué ojos / miro a este mundo?

qué sustancia peligrosa / me recorre
por qué estoy / inundada de detalles

de la pasión de un beso  
la sutil humedad del roce

del inmenso abrazo
sólo la calidez del cuerpo / contra mi cuerpo

¿Con qué fibra tejí / mi vida?
¿Cómo se transita / la inmensidad
desde mi pequeñez?

mientras mirás
toda la arena del desierto
yo miro / la luz de una partícula

¿ Por qué siempre estoy / en el límite
de la palabra y / de las cosas?

desde la grandiosidad / todo se olvida
desde el detalle

no se sobrevive

sábado, 26 de marzo de 2011

Alejandra...

 

Ruth Berhnard



Me asomo a la ventana de un piso16. Siento el aire húmedo del mundo. Las luces, pequeños soles transparentes sobre la opacidad de esta noche. Y me pregunto qué se sentirá al caer. No en cómo rebota el cuerpo sobre el suelo. Pienso en el segundo antes. En pleno vuelo. Pienso en el alma cuando se libera, por fin, de la tremenda atadura del cuerpo. Eso de ser obligado a convivir en tres dimensiones. Una cárcel para la libertad. Me paro sobre el borde de la ventana. Y voy cayendo en la vacuidad oscura del mundo. Entonces, algo parte desde mí. Son retazos de telas muy livianas que planean en el aire espeso. Colores brillantes. Amarillos, anaranjados, violetas, azules...Azules.


Hábil arquitecto. No taladró la piedra y rescató la imagen escondida. Ni amasó mi silueta sobre la arena mojada de la playa. De su corazón no partió la música ni las letras se desorganizaron sobre el papel. El creó un silencio para mí. La llave de clausura. La muerte de todo deseo. El creó un silencio fuera de mí. El muro. Y dentro de mí" la pared que tiembla". Tiemblo yo dentro de ella. Pero él cerró las puertas de mi voz. Abrió mis ojos y robó mi mirada. Sólo veo ahora la triste humanidad del mundo. Lo salvaje y la crueldad. El instinto animal por encima de la pasión. Alejandra, mi Alejandra...Yo le entregué mi llave. Y ahora circula por mi jardín. Está tallando el silencio sobre la luz de mis ojos.

"Hablo de un poema que se acerca. Se va acercando mientras a mí me tienen lejos" (1)

Escribo. Nada pasa y está pasando todo. No veo a una mujer sentada frente al papel. Sólo unas manos finas y blancas. Ellas interpretan lo que sale sin explicación. La silueta desnuda de alguien apasionada pero ya dormida. Que se cansó de morir y volver a nacer. Una y otra vez. Ahora no estoy ni muerta ni viva. Me habita mi silencio. El silencio les pertenece a los vivos y a los muertos. A ambos, por igual. Las palabras se acercan, las manos las rescatan de un posible olvido. Aparecen dibujadas ante mí, pero yo estoy lejos. "Nada, absolutamente nada, vale una lágrima tuya". Tal vez por eso, me inundé de sombras.


Mis palabras también debieron salvarme ¿Almas? Las garras del desamor otra vez. Y estuvimos demasiado vivas... Alejandra, querida Alejandra...

"un viento débil
lleno de rostros doblados
que recorto en forma de objetos que amar" (2)


   (1) y (2) Textos de Alejandra Pizarnik

viernes, 25 de marzo de 2011

Humedad

                             Peter Muchiev



A veces miro las palabras detrás de un vidrio, las calco sobre una superficie húmeda de vapor. Son figuras estilizadas y, aun estando debajo de su sombra, son líneas redondeadas, luces que suben y bajan por capricho, sin timón ni dueño.


El vidrio está empañado y me seduce la idea de borrar todo cuanto pude dibujar. De las pequeñas gotas chorrea el deseo en hilos pegajosos, transparentes y cálidos. De su mirada parte un sol que me derrite en cascadas de luces. Y las líneas se ordenan, por primera vez, a través de mi mano. Soy el timón de mis letras. Traspaso el vidrio del poema.


Y ahora estoy inventando un abecedario sobre la humedad de su cuerpo. Palabras del otro lado de la sombra.