lunes, 11 de abril de 2011

Roberto Juarroz









El centro del amor
no siempre coincide
con el centro de la vida.


R. Juarroz








 Poesía Vertical



23-IX

No hay tiempo.
Ya no hay tiempo.
Pero, ¿alguna vez hubo tiempo?
La ilusión de la vida por delante,
se conjuga con el verbo
de la vida por detrás.
Y todo transcurrir no es más que un punto,
quizá un punto extensible
o el revés de ese punto,
porque el tiempo es puntual.
Un punto que a veces se desliza levemente,
como una gota de asombro de la luz
o un inesperado corpúsculo de sombra,
tan sólo para justificar algo parecido a un nivel
en el barómetro casi fijo
que mide la presión imposible de la vida.
O tal vez simplemente
la presión diagonal de lo imposible.


15 - XII
Buscar una cosa
es siempre encontrar otra.
Así, para hallar algo,
hay que buscar lo que no es.

Buscar al pájaro para encontrar a la rosa,
buscar el amor para hallar el exilio,
buscar la nada para descubrir un hombre,
ir hacia atrás para ir hacia delante.
La clave del camino,

más que en sus bifurcaciones,
su sospechoso comienzo
o su dudoso final,
está en el cáustico humor
de su doble sentido.
Siempre se llega,
pero a otra parte.
Todo pasa.
Pero a la inversa.


17 - III
Detener la palabra
un segundo antes del labio,
un segundo antes de la voracidad compartida,
un segundo antes del corazón del otro,
para que haya por lo menos un pájaro
que pueda prescindir de todo nido.
El destino es de aire.
Las brújulas señalan uno solo de sus hilos,
pero la ausencia necesita otros
para que las cosas sean
su destino de aire.
La palabra es el único pájaro
que puede ser igual a su ausencia.


7 - VI
¿Cómo amar lo imperfecto,
si escuchamos a través de las cosas
cómo nos llama lo perfecto?
¿Cómo alcanzar a seguir
en la caída o en el fracaso de las cosas
la huella de lo que no cae ni fracasa?
Quizá debemos aprender que lo imperfecto
es otra forma de la perfección:
la forma que la perfección asume
para poder ser amada.



129  IX
Somos el borrador de un texto
que nunca será pasado en limpio.

Con palabras tachadas,
repetidas,
mal escritas
y hasta con faltas de ortografía.
Con palabras que esperan,
como todas las palabras esperan,
pero aquí abandonadas,
doblemente abandonadas
entre márgenes prolijos y yertos.
Bastaría, sin embargo, que este tosco borrador
fuera leído una sola vez en voz alta,
para que ya no esperásemos más
ningún texto definitivo.



6  XIII
Hay fragmentos de palabras
adentro de todas las cosas,
como restos de una antigua siembra.

Para poder hallarlos
es preciso recuperar el balbuceo
del comienzo o el fin.
Y desde el olvido de los nombres
aprender otra vez a deletrear las palabras,
pero desde atrás de las letras.
Quizá descubramos entonces
que no es necesario completar esos fragmentos,
porque cada uno es una palabra entera,
una palabra de un lenguaje olvidado.
Y hasta es posible que encontremos en cada cosa
un texto completo,
un reservado y protegido texto
que no es preciso leer para entender.

jueves, 7 de abril de 2011

El origen de mi amor









Ahora que nunca,
sólo a mí me toca
darles vuelta a los niños
la cara.
Diana Bellessi









Fotografía: T. Rucker



¿Cuál es el origen de mi amor? ¿ la fría mano de la madrugada y los pies descalzos? No, no deambulé calles, ni pedí comida. No, no dormí bajo el cielo de la luna ni a su amparo. No me atacaron ráfagas falazmente iluminadas. No hubo espejitos de colores que nublaran mi memoria. Es sólo que me pregunto ¿cuál es el origen de mi amor? Entonces sé que debo retroceder. Para poder mirar de frente a la niña que no fui. Tomar su cara entre mis manos. Y encontrar su mirada. Internarme por los agujeros de su alma. Dar vuelta la cara a la niña que fui. A las niñas que quise ser. A las otras niñas que me habitaron y a las que han amado. Pero sobre todo a mí, a esta que fui y que soy. Fui la niña a la que, brazos en pleno juego, arrojaron al aire. Sin embargo, nadie estuvo para la caída libre desde el cielo. Desde entonces, todo afecto es un abismo.


Todo afecto es un abismo

El origen de mi amor es el silencio. El camino del dolor, por eso brota en capas sucesivas cuando hablo. ¿ El amor se aprende ante la ausencia de amor? El alma es un músculo, decía el padre de Kafka y lo decía mi padre. Aprendí a silenciar. Ninguna emoción. Mi alma aplastada contra las paredes de la caja muscular. Sólo cobijada por el calor rojo, lánguido y pegajoso. No supe que se podía llorar. Aguas contenidas y desbordadas pero siempre dentro de mí. Filosa hoja de la lanza. Yo estaba seca por fuera, inundada por dentro. Era un cactus que asilaba a una selva. Un pequeño embrión al que nadie quiso y sin embargo, sobrevivió. A las guerras cruentas de las pinzas. Le doy vuelta la cara a ella. La sobreviviente. Esta niña que me dice que desde entonces, todo afecto es desolación


Todo afecto es desolación.

El origen de mi amor son las madrugadas heladas. La casa enorme con tantas puertas y ventanas y sin ninguna salida. Mi mirada en dirección a la luz de la noche. Los dibujos de las sombras en la pared. Mis manos arañando la piel. El dolor externo que exorciza al interno. Y siempre lo justifica. Dibujaba monigotes en el vidrio. Sus largos dedos no alcanzaban para la caricia. Con una tijera los recortaba en miles de fragmentos invisibles. Las mismas cuchillas que me partieron en dos. Perdí la mitad de mí. La otra mitad es la que habita en la mente de los demás. Lo que se espera. Lo que se imagina de mí. La niña-mitad que me dice que todo afecto es desilusión


Todo afecto es desilusión

El origen de mi amor...Sólo a mí me toca, dar vuelta la cara a la niña que fui. Entonces nacerá la niña que no fui Su otra mitad.

miércoles, 6 de abril de 2011

El café de Bagdad


Fotografía: Iaia Gagliani



Y las manos sin darse cuenta aprenden
el gesto incorregible
de volver a enterrar el corazón
.
 R. Juarroz


EL CAFÉ DE BAGDAD
Por largos momentos evito la música,  huyo de esa larga cabellera ondulante que atrapa apenas me roza. Alguna  de esas serpentinas sonoras debe haberme atravesado y, tal vez, algo de mí se quebró. Mi dilema con la música debe tener raíces muy profundas. No sé bien cómo ni en qué situación algo penetró y a la vez me cerró.

La música es una transición de sonidos siempre distintos ¿Por qué será  que sólo siento el mismo silencio? Una y otra vez  ¿Por qué llego a lugares áridos, desérticos, en los que todo aparece muerto hasta el viento? ¿Por qué recorro tiempos en los que nada pasa? Tiempos sin reloj, tiempos sin recuerdos.

Tengo una mente habilidosa, conoce de antemano el camino para huir y ponerme a resguardo de ella, esa zona oscura, cierta angustia. Los sonidos son lo primero que me pudieron conectar con el afuera cuando aun  estaba dentro. ¿Y qué era mi afuera?  ¿Qué recibía yo cuando aun no conocía la luz? ¿Qué habrá sido de mí en esos tiempos? ¿Qué zona permaneció sin nacer? Es lo que no se nombra. Es el lugar de silencio. El desierto mudo que nunca pronunció palabra.

Escucho la canción lánguida, triste, en medio del desierto. Un lamento callado. Algo se desgarra desde la voz en finos ecos que se van disipando entre los rayos mortales del sol. La voz se pierde.  Pero sonaba tan dulce, tan calma, tan bella…serena.  El sonido se pierde fácilmente. Las palabras suelen permanecer más tiempo. Por eso escribo. Me permiten el acceso a zonas de mi pasado, registros de mi memoria y al presente, a esos momentos ínfimos que lo componen para, segundo más tarde, cambiar de forma y de edad.

Quizás la música me acerque a lugares resguardados de la luz. Serán momentos que necesiten reencontrarse a la sombra. Ocultar su real identidad. Hay verdades que toman la figura de una espada con el filo acechando, brillante. No sé si la música irá perfilando su figura en mi memoria. Y amenace sigilosamente. Invada los caminos luminosos. Tiempos sin reloj. Tiempos sin recuerdos.

¿Cuál será la verdad? ¿Lo que he vivido y se niega a revelarse? ¿O esos paraísos que nunca serán los que yo necesito?

Mi memoria es habilidosa ¿Será también sabia?

La larga cabellera sonora ahora es semejante a una brillante hilera de puntos luminosos, como el filo de la espada. La canción sonaba tan calma y sin embargo yo,  era un muro sin capacidad de resonancia.

sábado, 2 de abril de 2011

DESTINOS

 
                    Edward Wadsworth (Inglaterra 1889-1949)          



A veces el mundo me devuelve
la visita del tiempo -afable pero firme-
que reclama su parte del león.
P. Vinderman

DESTINOS

A veces suelo pensar en el valor de las palabras, en sus diferentes matices, sus distintos niveles de llegada. Siempre dije que son cajas vacías que uno rellena de acuerdo a cada circunstancia y contexto. Tienen también distintas categorías y pueden enmascararse tan sutilmente que, es posible, que uno mismo ni siquiera las pueda reconocer en el momento de escribir.

Pensaba en mis palabras, en la forma en que las escribo y las ordeno. En mi imperiosa necesidad de ellas, en esa búsqueda incesante de hallar la más justa, la que resuma todo o casi todo. Busco la brevedad pero no sólo eso, busco la brevedad más intensa. Porque demasiadas palabras me abruman, me angustian. Y porque sé que lo mejor, lo más bello, lo más intenso  se dice con muy poco.

Y regreso ahora, a esas palabras manuscritas. Esas hojas de papel que enfrentaba aun, con algo de valentía. No podía entonces, escribirlas en procesador. Necesitaba tener cerca mis propias manos, el roce de los dedos sobre el papel. Dejar en las tramas de celulosa pequeñas marcas, códigos escondidos detrás de las letras. Tenía todo eso una impronta especial. Escribía automáticamente, como un pájaro debe salir de su jaula. Sin saber, sin conocer su destino.

Sin embargo, cada línea, cada trazo, cada espacio y cada dibujo tenían marcada una dirección. Era su mirada. El destino siempre fueron sus ojos. Entonces, evitaba todo riesgo poético. No permitía otro lector ni otra lectura. Y cuando las palabras no me alcanzaban retornaba a un viejo atajo que solía usar cuando era niña: el dibujo. Asomaban por lo tanto, figuras simbólicas, algunas geométricas y otras sin nombre que se deslizaban desde mis dedos rápidamente antes de que mi, siempre hábil conciencia, las pudiera convertir en otra cosa.

Cada texto lo guardaba porque no lo leía más. Sentía mucho temor de enfrentar su lectura. Sabía sobradamente que leerlos me llevaría a mirar cara a cara el deseo. Eran mis propias palabras y sin embargo, las temía. Me temía yo. Encontrarme con lo que hoy sé y que evité reconocer durante tanto tiempo. Supongo que en algún momento esta certeza debe haber cruzado mi vida. Alguno de esos textos en apariencia tan simples y desordenados, contenía la llave secreta y estuvo en mis manos. Y la pude ver. Entonces huí.

El lenguaje poético fue mi salvación. Encontré la forma de decir aquello que de otra manera no hubiese podido decir. La poesía completa vacíos. Uno escribe desde esos lugares que no pudo cerrar. Y de alguna forma transmuta todo el dolor en una rara clase de belleza. Cuando mi alma se pliega por el temor, el poema la libera. Y me permite que ella se exprese. Pero a la vez, sé que a medida que el poema avanza yo me alejo. Huyo a través de canales invisibles y desaparezco.

Ahora, sentada frente a frente con la palabra desnuda y sin recursos poéticos, no puedo evitar regresar a  su mirada. Quizás el lugar desde el cual nunca he partido. O sí y logré perderme en cielos equivocados y oscuros. Debí entregarme y flotar en sus brazos. No resistirme, debí saber lo que sé en este momento de revelación. A lo genuino se regresa siempre. Es imposible evitar su presencia. Se va acomodando en cada pliegue de la piel. En cada aroma y sensación. Son dedos suaves y cálidos que rozan el cuello y los ojos se van cerrando, dulce y pausadamente. Son esas manos amplias a cada lado de mis mejillas. Y mis alas en busca del deseo.

“ Debí decir te amo/ pero estaba el otoño haciendo señas/ clavándome sus puertas en el alma” Juan Gelman

Debo decir algo yo frente a sus ojos, algo sin nombre para no asustarme y dar vuelta la cara. Algo para que las palabras que le están destinadas no necesiten de máscaras. ¿Serán éstas las que impidan mi huida? ¿Aun cuando sienta que puede haber algo clavándome sus puertas en mi alma? ¿Quizás una verdad que cierre las horas del verano?
Debo decir algo frente a sus ojos. Y será la palabra que contenga al más infinito de los silencios.



jueves, 31 de marzo de 2011

VOCES

                                                       Eleonora Carrington


"yo no sé de la infancia más que un miedo luminoso y una mano que me arrastra a mi otra orilla" A.Pizarnik


ciertos recuerdos circundan el borde de la noche
aguardan el pequeño espacio
la luz necesaria de mi memoria / el adormecimiento
de mi voluntad
un momento hueco se filtra y se esconde
la voz errante infantil abre la puerta / del artificio
un temblor apacible
ese saber ingenuo de conocer
que nada ni nadie podía reemplazarme
y este reconocer profundo
que tal vez no haya nada / más allá de esta desolación
de esta búsqueda incesante / urgente
de rozar la felicidad
este esmero agobiante de pulir caminos
este oficio de lustrar con mi vida
son mis horas estrujadas y / vueltas a limpiar
colgadas al sol de cada mañana

bajo la copa del gran árbol
me siento / a esperar mi infancia
inalcanzable
como el monigote trazado sobre el cristal húmedo
primer hombrecito en el espejo empañado
tan suyo / tan desesperadamente mío
como la eterna mirada de la lluvia
todo se borra / se queda
sin embargo nada permanece / en mi memoria.

La fulguración del instante, por Lucas Soares

 
                                           Fotografía: Ansel Adams



La fulguración del instante, la expresión poética de lo sagrado.

Extracción del seminario "Das Heilige," el camino hacia el Otro pensar, 2010



Sabido es que para Heidegger el nombramiento poético de lo sagrado supone que el poeta es una suerte de mediador al servicio del decir inicial del Ser. (....)
Formulo, pues, sintéticamente mi idea para después profundizarla a partir de tres puntos: la experiencia poética de lo sagrado pasa por una aprehensión profunda del instante. El instante es el tiempo de lo sagrado en poesía. El tiempo que sustenta la función poética del lenguaje. Se trata de pensar la cuestión de la experiencia poética de lo sagrado no tanto bajo la óptica heideggeriana de un desocultamiento de la verdad del Ser sino- más humildemente-como la captura de la densidad ontológica del instante.

1- El instante poético

¿Qué es lo que hoy tiene para decir la poesía acerca de lo sagrado, huídas ya las Musas griegas y acaecida la muerte de Dios y de los diferentes "mundos verdaderos" que se escondían tras su nombre? ¿Qué le queda al poeta en tiempos donde lo único estable es la fragmentación: donde una duplicidad de discursos líquidos disuelve toda posibilidad de referentes últimos ( lo cual para algunos pensadores contemporáneos constituye una liberación y para otros un tormento)? Ante una época de transvaloración irrefrenable de todos los valores, la poesía nos permite todavía aferrarnos a la tabla de salvación del instante. El instante como su anclaje vital. " Después que uno - señala Wallace Stevens- ha abandonado la creencia de Dios, la poesía es la esencia que ocupa su lugar, como redención de la vida". Tal es el lugar que Nietzche le asigna a la poesía trágica en su obra. (...)

Ahora bien: ¿Qué es lo que entendemos aquí por instante poético y en qué sentido puede llegar a vislumbrarse en su naturaleza mudable un viso de eternidad, que es donde creo estaría operando una experiencia poética de lo sagrado?

El instante poético es una insinuación puesta en palabras. Un punto de vista que ordena y desordena el mundo en un parpadeo.(...) El instante poético desgarra el velo de la realidad que nos circunda para hacernos intuir lo que ella encierra de verdaderamente extraño y contradictorio. " Y cuando me resulta extraña una palabra -dice Clarice Lispector- es entonces que ella adquiere sentido. Y cuando me resulta extraña la vida entonces comienza la vida" El instante poético permite vincularnos con el misterio de las cosas oculto bajo la maleza de lo cotidiano. Es una caja de resonancia de significantes a la que- por suerte- no hay por qué buscarle algo tan molesto como un sentido. Son justamente esas resonancias las que nos dejan boyando en torno de eso que anhelamos y no sabemos qué es. El instante poético vive de aquello que se le escapa. Ahí es donde se poetiza: donde no se sabe. Si se sabe no se poetiza. Por eso el decir poético se aferra al instante y se propone dejarlo abierto y expuesto como una herida para ver qué es lo que acontece a partir de su desangrado.(...)

Se poetiza sobre aquello que es : la forma más desnuda del acontecer: el instante. (...) Como en Parménides, todo poema en el fondo no busca decir otra cosa que esto: se es. Pero la palabra más importante de la lengua- apunta Lispector- tiene sólo dos letras: es. Porque se es verdaderamente en el instante (...)

2- El momento de la Verdad del instante poético.

Para ir más a fondo: ¿Cuál sería el componente de verdad del instante, si éste es por definición lo que justamente no está destinado a durar, lo más efímero y superficial? ¿Qué es pues, lo que habría de verdad en el instante poético? (...) ¿En qué sentido una verdad singular puede ser a la vez universal? (...)

La experiencia sagrada del instante poético estriba en que, siendo única e irrepetible por definición, atañe a todos. Una verdad cuyo sentido alcanza en el poema la inmovilidad de lo eterno. Algo que trasciende y a la vez es nosotros. (...)

Hablamos de una verdad que permite desprendernos por un instante de nosotros mismos para pasar a vivenciar una experiencia que nos compromete a todos. El espacio sagrado de la poesía es la epifanía del instante. (...) La patria del poema es el efímero paraíso del instante. Al entrar en ese paraíso adquirimos plena conciencia de que lo que más estimula nuestra percepción epifánica de la vida es su condición efímera.

Al fotografiar el relámpago de una percepción, el poeta sacraliza el instante como la memoria de lo que olvida. Deja una instantánea de lo que -por la fuerza disuasiva de lo cotidiano- se nos pasaría de largo en la estrecha corriente de la conciencia. Como un flash fotográfico, queda en nosotros la resonancia del instante poético. La experiencia poética de lo sagrao reside en la verdad de esa resonancia (...) El instante poético es sólo la punta del iceberg. La verdadera poesía deja oculto lo más importante para que ello sea desocultado y recreado en cada uno.(...) El instante poético intensifica así nuestra visión conciente e inconciente de la realidad. Es una purificación del percibir, en cuanto llega a revelarnos nuestros lados omitidos, la transcendencia de los divinos detalles y la textura de las cosas.

No habría en este sentido mayor estímulo que el resabio de imágenes y silencios que deja a su paso el instante poético, a la manera de los rieles que se ven desde la ventana del tren.(...) Lo sagrado intuído en el instante. Como si en el instante poético refulgiera el Aleph, aquel punto del espacio que condensa todos los puntos. (...)

3- El pasar fluyendo.

El instante poético nos hace retornar al estado primigenio de ver por primera vez. Volver a mirar con ojos ignorantes para reencontrarnos con la infancia del mundo. Con aquello que, a pesar de haber sido visto innumerables veces, revela su verdadero sentido sólo a la luz de su aparecer en el poema.(...) Como una intuición que ve antes que el pensamiento. La experiencia poética de lo sagrado abre atajos para ver y vernos antes que el pensamiento. (...) Nada es igual a lo que fue tras ser traspasados por la fluencia del instante poético. (...) De lo que se trata -como señala Gadamer- es que " en el momento vacilante haya algo que permanezca" El tránsito por el poema es un pasar fluyendo que abre compuertas en la mente. La experiencia sagrada del instante poético estriba en la vivencia del cauce y la fluencia siempre distinta de las aguas.(...)

Entregarse al instante poético, experimentar lo sagrado de ese acto, implica el salto que, desde la perspectiva que tratamos de sugerir, no es otra cosa que la asunción del estrecho parentesco que existe entre el sentido y el sinsentido.(...) Consiste -para decirlo con una bellísima frase de Lispector- en entregarse " al expectante silencio que sigue a una pregunta sin respuesta". Para reencontrarnos así con la prístina impresión del instante y su pasar fluyendo. La experiencia poética de lo sagrado como la mostración de esa dificultad, tan humana, de entregarse sin red al instante.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Antonio Aliberti




 "Antonio Aliberti sabe que el trabajo poético es mucho más que una oscura tentación de publicidad y de prestigio, que si llega a los demás no es tanto por lo que legítimamente podemos hacer al publicar un libro, sino por esa misteriosa y profunda vida del poema, que nada busca y todo alcanza, que está donde debe estar y no donde pretendemos que esté."





INTERNET

No renuncio a entrar a la red
y ser un punto virtual
entre millones de puntos virtuales
de todo el universo. Acepto el juego.
A lo que me opongo es a renunciar
a la caricia, a la palmada en el hombro
y, sobre todo, a prescindir
del antiguo saludo del sol,
los dedos de la lluvia
meciendo mi escasa cabellera.
Adhiero a la ilusión,
pero aspiro a la necesidad
de que el hombre se conmueva por el hombre.




SUMA Y RESTA

Cada día que pasa es un golpe de tiempo
un tramo de misterio que suma y suma,
resta y resta.
Entre relámpagos y círculos sucede el despojo
y uno forma fila ante la ventanilla
y paga el impuesto con su propia miseria.
Y la cifra se acorta,
se mutila,
parece que detiene al tiempo,
y el tiempo continua su labranza en otro costado,
hasta que la total miseria
recoge la limosna.
Y a uno le crecen canas en el alma.


XI

Yo golpeé las duras noches
de la vigilia
con mis puños de trapo.
A través del llanto
vi
el temblor de los árboles
sobre el borde del camino.

Perdí la aventura de la sangre
mordiendo las pequeñas líneas
del grito.

Las ventanas miran las lejanías.

La palidez de mis manos
se alimenta de muerte:
ellas tocaron todo lo que se iba.



FUGITIVO TEMBLOR

El temblor detrás de una ventana,
la transparencia del cuerpo,
el incesante aliento de la mano.
Nunca sabré mi historia,
porque cada gesto, cada palabra
me llegan de países ignorados,
y en la travesía
encuentran el olvido.

Miro el gesto
detenido en el aire
como un fracaso,
buscando el acontecimiento
que lo hiciera
cierto
hace apenas un instante.

Simular la vida es no tenerla;
pero hay que conocerla
profundamente
para simularla.
Como un texto aprendido
de memoria:
sin sangre,
sin una mísera llaga.

Cuídame esta locura
que tengo
por todo lo que no veo.
Amaba ya a nuestros hijos
sin conocerlos.

Regreso a mi destino
como a una ciudad
de la que nunca
he podido partir.




FICCIONES

Se finge la pasión y la virtud,
y la verdad y la mentira;
todo se finge, hasta la indiferencia.
Porque todos los músculos del hombre
deben serle fiel;
a menos que alguno se haya enredado
a los tejidos del aire...
y ya no responda a los reclamos naturales.
Pero a fuerza de ficciones se atrofia el sentimiento
y uno termina sintiendo de un sólo lado
llorando con un solo ojo.
Y si festejar a medias significa
ver a media mañana solamente,
medio atardecer,
percibir apenas la mitad de un hijo,
hacer el amor con límites precisos...
sentir a medias el dolor podría enloquecer a un muerto.