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martes, 8 de marzo de 2011

Lo que importa

 








Fotografía: Iaia Gagliani



"Las palabras hubieran podido salvarme, pero estoy demasiado viviente"
A. Pizarnik


al final me he equivocado / de pregunta
de rumbo
de sospecha
estuve sobre sus bordes
he dudado en la certeza
pero mis ojos / no quisieron ver

Estoy parada en el muelle, en esta fría mañana de agosto. Un cielo plomizo amenaza tormenta. El viento llena de espuma al agua y lo carga de enojo. Se revuelve y choca contra las piedras. Me siento sobre el piso húmedo y salado. Todas las gotas de su universo caen y se depositan en mí. Es un ir y venir. Acompasado. Miro, a mis espaldas, el rastro que el agua dibuja sobre la arena. Recuerdo a los fractales. Lo que se repite incesantemente de la misma forma. La marca de origen.

mis ojos
siempre rastreando / en la ausencia
la pregunta
en qué lugar de la palabra / beso
están sus labios
en qué letra / del abrazo
están sus manos


Necesito un hilo para hilvanar historias. Armar la tela que me contenga. La repetición. Las huellas que el amor deja y que el agua no borra. Los fractales internos. El dibujo de un te quiero sobre la espuma. Miro la descarga de la tormenta sobre el mar. Los rayos azules y rojos sobre las olas. El cielo a punto de estallar. Un húmedo silencio. Entre la necesidad y la sospecha. En la entrega y la huída.

en qué lugar / de luz
están sus huellas /
el camino / hacia sus manos
el fondo de su mirada
en lo más profundo /
de mis ojos.

Hay en mí











 
Hay en mí

A mi madre

Y dejamos de ser criaturas
fugaces.
La soledad se entrega.

Ana Lahitte


 hay en mí tanto vacío
 con color de espuma
tomé tu mano
fantasma de la arena

te he llamado hacia
mi voz

mi niñez perdió el azul
en tus aguas secas
el sol fue máscara de pájaro
plumas rotas del alba

te he llamado hacia
mi noche

me dormí en la línea
de la espera
busqué en tus manos
el gesto que
delinea al amor

te he llamado
te he llamado
hacia el adiós

Partir



Hans Anderson Brandekilde
A wooded path in autumn

Al poeta lo ahuyentan de exilio en exilio y jamás
tendrá asegurada una morada

Maurice de  Guérin


hay una hora
en la que la lluvia / araña de otra manera
anaranjada y profunda
hunde sus garras
clava imágenes a punto de despertar

un raro silencio
atravieso el instante / abriendo la noche
no sé cómo imaginar su luna
dibujé su reflejo sobre el vidrio
la lluvia
de esta hora / borra su luz
delinea su sombra

no encuentro otra manera / de nacer
que salir de mí
la forma de cargar
mi alma de elefante
sobre mis pies de paloma

partir

dejo
lo que no pude decir y / no puedo
mi deseo de haber sido / otra
parada en el umbral
en esta hora

no hay poesía
no hay asilo / no hubo abrazo

soy yo
el desgarro / de la lluvia

domingo, 6 de marzo de 2011

Las horas secas



                       

A mí misma

"Temo encontrarme de frente lo que creí a mis espaldas"
J. Kameniecki - La construcción del espejo



La pregunta es siempre la misma, ¿es la punta del ovillo o el final? Es la imagen que se presenta, nítida, la voz del atardecer, el desplazamiento del cisne de cuello negro en la oscuridad, la mitad, lo blanco a la noche, lo negro al día, siempre soy la mitad, la mitad de lo que se ama, en mis días y en mis noches, en la forma en que mis manos se desplazan sobre el teclado.
Soy una gran caja sin fondo. Piso de arena. Paredes de diamante. Dentro un pequeño títere con sogas y esferas de acero en sus pies. Que cae. Cae. Abismo poético. Soledad. Mientras caigo estoy aprendiendo a llorar. No he llorado a tiempo. He llorado siempre. Lágrimas secas.

..." durante mucho tiempo de mi infancia, mi madre se levantaba de su cama en las madrugadas, atravesaba el hall central de la casa, cruzaba hacia el otro lado, en el que se hallaba mi cuarto. Se acercaba a mi cama. Me abrazaba con caricias húmedas y llorando me decía que esa noche se iba a morir y que no la vería nunca más. Luego, regresaba a su cuarto. Entonces, quedaba yo empapada con lágrimas ajenas. Con la sensación de que el día tardaría mucho en llegar. Recuerdo algún invierno con el viento helado pegado a mi ventana. Invierno seco y desgranado. Mi madre se recuperó..."

Ahora todo sabe a otoño. Tanta quietud. Mi suelo se tapiza de hojas crujientes y doradas. Una tenue llovizna en este sendero. Nada escucho. El cielo gris. El viento helado y blanco. Un inmenso silencio y el dorado crujir. Hay matices en las hojas desparramadas sobre el piso. El ocre, el anaranjado al borde de la muerte. No hay gente, no hay tiempo. Mis pisadas de cisne buscan el agua y mi mano otoñal el asilo de alguna palabra.

De las horas secas recuerdo su silencio. El intenso frío y la soledad. Las lenguas de fuego y las poderosas puntas del diamante. El momento en que algo entró por mi puerta, se deslizó por la pared y se acercó, para instalarse en mí por este tiempo tan largo. Son imágenes rojas. Salen de la boca de un volcán a borbotones. Limpio con un trapo gris. Una y otra vez. Cada madrugada helada.

¿En qué lugar morirán los silencios? ¿Cuándo se deja de ser la mitad? Mi pregunta se anuda en el ovillo, aturdida. Cae como el títere, bordeando una palabra. Escribo en la seguridad de decir todo. Pero el final sé, que no diré nada.

sábado, 5 de marzo de 2011

Joaquín Giannuzzi









 "Y la respuesta, como siempre, / me fue dada parcialmente/ en la falta de sentido que adquiere el mundo/ cuando uno detiene su mirada/ por más tiempo de lo debido"

 ( La paloma)









"Todo transcurre del otro lado, fuera / del rumor insensato / de la existencia humana."

Tenemos que empeñarnos en buscar una nueva manera de escribir. Hay distintos registros para manifestar nuestra identidad. A través de las obsesiones, el drama de la época, la realidad, penetran en mi poesía. Estoy adscripto a una especie de realismo - si es que vamos a hablar de lenguaje - quizás trasnochado para algunos. He tratado de practicar una especie de objetivismo fenomenológico, un objetivismo plástico; a partir de la visión directa de la cotidianeidad. No utilizo elementos surrealistas ni demasiadas metáforas en mi lenguaje. Son expresiones más bien directas: un trabajo con la imagen realista. Y cuido mucho la estructura del poema. Me interesa un orden donde no aparezcan cabos sueltos, que sea lo más coherente posible y con el mayor despojamiento. Y cierro el poema con una idea, aunque tal vez el concepto de idea sea un tanto presuntuoso: diría más bien con una visión generalizada del mundo. Vivimos en medio de un mundo de particularidades. Entonces el poeta suele rescatar una forma ordenada de ese caos.


POEMAS



Te estoy escuchando

Escucho tus movimientos en la habitación contigua;
tu respiración bajo la luz menguante,
cómo revuelves cosas
hurgando entre papeles, objetos que ceden a tu mano libre.
Una existencia en firme, imbatible, maciza, bien resuelta y
continua.
Mi perplejidad de este lado de la pared, alimentada
por tu rumorosa pulsación.
Si el misterio nos separa
como una lámina traslúcida
¿cómo creer en la indiferencia
con que el universo te deja en libertad?




Certezas matinales

Dominados cuando tu mano espiritual
se abandona a la realidad inexplicada
los pulidos objetos sobre la mesa
no plantean ningún enigma. Estar allí
es lo más feliz que puede sucederles.
Mi respiración
que había amanecido tan difícil
entra en la fresca pulsación de la mañana.
El mundo podría olvidar desde ahora
su jadeo nocturno, sus reiterados sueños negativos
si comenzara de nuevo
con la misma certeza de mi mano
alzando esta taza de café.


PULITZER
Los niños despavoridos
alzan los brazos en la carretera bombardeada.
Hay un cielo humoso que ha resignado su inocencia
sin preguntar qué sucede con las lágrimas
ni si el dolor no tenía ya lenguaje suficiente.
La fotografía planea
hacia el escritorio del presidente como un naipe
y pierde la apuesta: no logra detener la guerra.
Entre la imagen y los ojos
del Gran Magistrado circula una sombra
que de pronto es coagulada
para que el imperio devore su petróleo mortal.
Pulcro y contra natura, tiene ante sí
suficientes razones de estado, su bandera en la luna
y una familia sonriendo detrás del vidrio.
Y no está en sus manos
hacer de la historia un lugar para vivir.

 

miércoles, 2 de marzo de 2011

Hugo Mujica


 ¿A qué se debe tal deflación de elementos lingüísticos, semejante parvedad, tal economía de palabras?

R. A una pura coherencia con lo encontrado. Una de esas pocas palabras es desnudez, que alude tanto a la desnudez física, la del desierto, como a la corporal, y que evoca una zona en la cual, efectivamente, se mueve mi poesía. Se trata de una zona muy poco poblada, y lo que ahí se encuentra pertenece más al orden del silencio, con el cual se hacen señas determinadas palabras, que al del contenido, al que hay que describir verbalmente. La prueba de esa coherencia, que experimento sobre todo cuando leo en público, la tengo en la gratificación que recibo a propósito de mi poesía: es justo la medida del silencio que yo genero. Si al terminar de leer un poema, el oyente quedó escuchando, es que el poema habló.

De: Entrevista de Carlos Orteaga (2001)

Poemas

De: Brasa blanca

57
I
invisible rojo de lo dicho
amanece
la palabra sobre el silencio

II
mirada
la desnudez
abriga

III
cobija el ya tanto desamparo


58

a mi locura
le amaneció un rostro

manándose
hasta rebasar
        su misma orilla

hasta no saber
si navego aun en tu iris
tu destierro
tu venirme

o naufrago mi locura

velaje sin casco
         palabra sin nombre

De: Pan de barro

77

quema y llama este río
de sed
que nos va abrazando

recorremos años esperando
días

deletreamos
silencios
balbuceando el latido

De: Errancias verdes

44
después vendrán
las aguas,

ahora es esculpir
el barro

hacer de estatuas
          la espera en llamas

De: Escrito en un reflejo

39

como toda la vida esperando que se enciendan
las luces,
hasta que las luces se apagan.

como siempre un paso atrás de cada paso mío
o llegando dentro de otro adentro
                que me vuelve a dejar afuera

41

me arrojaron a la arena en un circo
de gradas vacías,
me arrojaron a las fieras en una arena sin fieras

me condenaron a muerte
                   y me olvidaron atado al borde de la vida

martes, 1 de marzo de 2011

Mensajes










Quelqu´un m´a dit je t´aime...








exploro dentro de mí
buceo
no espero el mar calmo
son mis aguas / el intenso oleaje
es mi arena
mi pequeño barco dando el vuelco de campana
soy yo / mi mirada siempre azul

en lo profundo
no conviven los secretos

las aguas barren / dejan
mensajes oceánicos de espuma y crueldad
todo el frío del / universo
depositado junto a mis pies
la mentira que horada
molécula por / molécula
cada grano de arena

en lo salvaje de la tempestad
no sobrevive el alma del deseo

lunes, 28 de febrero de 2011

Pequeñas muertes

 
                   
                     pero a tientas busco las vértebras / de un animal perdido/ en la trama del deseo. M. Julia Druille

PEQUEÑAS MUERTES
  Tengo mis pies sobre esta tierra y mis alas en el infinito. En las sustancias no hay cabida para mi alma. Me pierdo al morir el día. Me desnudo por las noches. Levanto tela por tela, hilacha por hilacha. Cada noche al desvestirme las huelo. Para saber qué quedó de mí.  Para rastrearme . Porque sé:  siempre hay una pequeña muerte. Pero me queda el registro de su sombra.  El fractal de Benoit M.  Esa sombra huele a un deseo calcinado. Y hay, por donde mire, fogatas conciliadoras con mi culpa. El deseo es un ente vulnerable.

  Desde las noches frías de mi infancia, algo siempre muere. Por eso el día es una cadena de burbujas incoloras. Cajitas de vidrio instantáneas. Se queman ante mi cuerpo desnudo. Y caen cáscaras cristalinas a mis pies. Muero junto con la muerte de la luz. Muere mi deseo dentro de mí. En la oscuridad tanteo su sombra. Deambula sin luz. Hábil peregrina de rincones.  Hechicera de mi voz.  Pequeñas muertes. Quedo yo deseando la piel que cubra la noche. La  piel, que me mude del silencio.

                         Cada noche me desnudo en la opacidad del espejo. Y frente al vidrio          
                         golpean y resbalan astillas de luz.

domingo, 27 de febrero de 2011

Blog sobre un instante

Toda yo habito aquí, en este espacio de soledades y presencias. Mis palabras y yo sin sabernos conocidas. Siento desesperación por abrirles la jaula. Observar cómo rebotan en las paredes claras de su cuarto. Observo y callo. Prefiero hablar con mi silencio. Y percibo en la vacuidad de su mirada, lo que temo, su ausencia. ¿Qué parte de él me falta? Miro la funda de la cama. Días en los que las paredes me sofocan por su cercanía. Otros en los que las nota más elásticas, como si se adaptaran al espacio que necesito en ese momento. Días en los que el aire tiene una densidad casi maleable. Otros, puro aire fresco. De un otoño en el Bolsón. Fui casi feliz allí. Tanto silencio. Tanta quietud. Tanta nieve ese año. Los pinos nevados en un amanecer. Y mi andar, siempre silencioso, por sus bosques. Soy de lugares calmos. De días medidos con relojes de arena. ¿Qué hago, en este lugar, en esta compactadora de vidas y de horas? ¿Qué hago, caminando por estas calles zoológicas? Estoy trasplantada de alma. Alguna vez he muerto y alguien se llevó la mía. ¿Qué habita en su lugar? Me he perdido tanto. Alguien dijo que cuando uno se encuentra en la completa oscuridad tiene que recordar momentos luminosos. Si fueron cercanos a la felicidad temo recordarlos. Puedo traer su imagen. El mar que amo y su oleaje. Mis tardes caminando sola por sus bordes. Nada más. Y es tanto. Pero eso, que no puedo describir con palabras de este mundo, es justamente lo esencial. Y le pertenece al pasado. Igual busco. Navego. Regreso a su cuarto de paredes claras. Y a sus manos. Me hundo en su mirada. Él abre el fondo de mis ojos secos. Y algo surge con sorprendente presencia. Se quiebra la coraza. Es un instante. Eso, que le debería pertenecer al pasado, lo puedo trasladar hasta mi ahora, conservando intactos la imagen y sus marcas. Pura intensidad. Pura cercanía. Cada parte de mí estaba rodeada. Nada estaba suelto. Permanecía envuelta en una finísima capa azul. Su mano, suave, absoluta y su inmensa calma. Sólo mi llanto y su silencio. Sólo, sus lágrimas calladas. Y sus brazos que contuvieron al mundo por un instante. No, no es algo que yo desconozca. Lo desconocido para mí es la luz que posee. Lo que lo hace diferente. Es lo que completa el fondo de sus ojos cuando lo miro. Qué lugares tan pequeños ocupa uno en la vida de los otros, a veces. Navego. Una luna se quiebra en mis ojos cansados ¿Por qué navego si lo que deseo es anclar en su tibieza? No, no me falta nada de él. La ausencia no está afuera. Y nada, absolutamente nada, está oculto y a salvo.

viernes, 25 de febrero de 2011

Habilidades

HABILIDADES

..."está tan lejos de casa el beso que encendió mi corazón..."
Laura Yasán


sobre este cielo
sólo vi tormentas /
pequeñas guerras cotidianas
gotas viscerales
sobre mi misma piel

y yo buscando, no el corazón
sino su latido

siempre camino
en la dirección equivocada
todo queda /demasiado lejos
de mi mano
llego siempre al punto de partida

y yo buscando no el amor
sino sus rastros

tengo la rara habilidad
de clavar un puñal / en la superficie
de las cosas
luego coso con pulcritud
para que el mundo no se entere

y yo buscando en cada cicatriz
sólo lo que tiembla

ESCENARIO

Escenario

You only see what yours eyes want to see...
Madonna

Hay un hombre que transforma sus hormonas en lágrimas, que se atreve a sentir y se quiebra ante el asombro. Camina por los bordes de cada palabra. Desarma mi silencio en miles de papelitos de colores. No teme. No me teme. Transita por caminos inhóspitos, desconocidos, por los desfiladeros a través de los cuales huyo ante cada gesto compasivo. Ante el asomo de la proximidad de un abrazo.

Me ve llorar. Desde su mirada enciende mis ojos. Puede observar cómo me acerco al sentimiento más profundo por al lado más oscuro. Y nada hace. Nada puede hacer. ¿Es valentía o estupidez? Es sólo mi cobardía. Mis ojos secos recorren los silencios sonoros de aromas. Pura hojarasca de hojas desnudas que esperan la emoción que les otorgue el color exacto.

Sentiré el amor, pero daré vuelta la cara. A veces, es un pasajero cruel, sin permisos, ni destino, que anida en los lugares húmedos en los que guardo mi deseo. Cada hoja cede al límite de sus fuerzas para ocultar la culpa. ¿Y la pasión ? Tiemblo ante su tibieza y escapo.

Tomo de mis días lo más filoso, el desamor. Clavo el estilete en lo más profundo. Sólo para barrer cada hoja que conserve su inocencia. Que nada quede. Ni nadie. Porque del amor sólo tengo una sala vacía, la trastienda, una obra que va a morir en el ensayo, con un solo actor y sin magia.

De palabras y ferocidad

·

Debí decir te amo / pero estaba el otoño haciendo señas/ clavándome sus puertas en el alma"
Juan Gelman


hay palabras que nacen en el jardín
de un silencio / cultivado a ciegas
en la espera de ver florecer
otro lenguaje
en este diálogo desde la fisura
de mis pasiones y mis desencuentros
la sed y mi temblor
mi necesidad de hallar el puente
que me una a este mundo
desconocido
de máscaras y sombras tan poco delineadas
de palabras lábiles y ferocidad
abstracciones
sin música y sin nombres
desde el rostro que evito
cae un rocío prohibido y mudo
cenizas de los espejos
que cubren mi memoria